domingo, 4 de marzo de 2012

Amor y punto

Si de algo importante hubiera que escribir, habría que escribir de cómo es que surgen las buenas ideas.
Pero me nace hablar de lo que a nadie le importa, no porque no sea importante, sino porque no hay tiempo para preguntárselo. Me nace hablar de cómo nace un sentimiento. ¡Y pensar que hasta las cosas del corazón se las debemos a la razón! Como mi razonamiento al respecto de este sentimiento, el amor.
La verdad es que a mí el amor me entra por el oído, por los ojos, por la nariz y se me clava en las entrañas. En seguida se me transforma en un ligero calambre que me recorre el torrente sanguíneo. Y a mí el amor se me antoja dulce; se me antoja fosforescente, luminoso, de menos a más y de más a menos. Me brilla en el pecho como luz ultravioleta, se me atora en la garganta, se me vuelve líquido en los ojos, se me esfuma en los labios, se me desaparece en la voz. Es un choque eléctrico en el perineo, un botón rojo en el cerebro o una luz intermitente. Una tensión en los pies; humedad en el sexo, en las axilas y en las manos.  En las rodillas se me vuelve un golpe que las pone frágiles, en la piel un montón de burbujas que revientan a un mismo tiempo y que me erizan el vello. En la espalda cosquillas, contracciones en el abdomen, firmeza en los pezones y en las nalgas; en el cuello un movimiento suave hacia un lado y quizá una sensación de frío; en las orejas calor, enrojecimiento en las mejillas, una sonrisa inesperada, piquetes en las yemas de los dedos. En la mirada condescendencia y en las palabras torpeza, exceso de inhalaciones y exhalaciones. Sistemáticamente metafórico, el amor se me vuelve un manojo de nervios, un nudo en las tripas… ¿y en el corazón? En el corazón se me vuelve un torbellino, se me vuelve todo y nada; se me vuelve un tambor, un zumbido de abeja, una presión constante, una constante irrigación de sangre que cambia de velocidad frecuentemente… qué distinto el amor del odio, aunque con una sintomática parecida, ese odio que requiere de una descripción aparte, que merece otra ocasión.    
Marianna Carrión, 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario